Una vez concluido el paro de estudiantes y en vista y consideración que una forma de protesta es la huelga de hambre, esta semana decidí someterme a mi propia huelga alimenticia. Es decir, nutrirme solamente de los almuerzos que ofrecen las universidades de la Quinta Región. Este menú que puede ser comprado por todos los alumnos que lo requieran, como también por cualquier mortal como yo, es el mismo que comparten los que gozan del beneficio de beca alimenticia. De menor a mayor calidad, este es el ranking:
4.- Pontificia Universidad Católica de Valparaíso: Fuimos hasta el Casino de Estudiantes del Edificio Gimpert. De entrada una desabrida sopa de pollo, luego frío tazón de arroz acompañando unas delgadísimas escalopas apanadas. Finalmente una manzana verde o jalea. Todo presentado en raciones tipo barbie. De las cuatro universidades es la única que entrega harto pan (2 porciones) y vasitos de jugo sin restricciones (esos de polvo y con harto colorante). Precio: $1350. Advertencias: Obligatorio reservar $500 para un completo pasada la mediahora, aunque aseguran que en la Facultad de Ingeniería, en avenida Brasil, mejora notablemente el rancho.
3.- Universidad de Valparaíso: Como se trata de la Facultad de Medicina, ubicada en calle Hontaneda, aquí suponemos que nos encontraremos con una dieta balanceada: de entrada, vegetales cocidos acompañados de medio huevito duro a la peruana. De fondo, cazuela de vacuno con pequeña ración de plateada, más papita, zapallo y seis centímetros de choclo. Otra vez jugo y pan. Lo más desabrido al final, fruta o postres de leche con escasa consistencia. Precio. $ 1.300. Advertencias: Guardar $ 500 para un café y una negrita para recobrar calor. Uno se siente realmente en un congelador.
Universidad Santa María: Es extraño sentir que uno llega a una suerte de fortaleza y encontrarse que en los casinos se escucha como resuenan las bandejas de metal. Demasiado “demodé”, pienso yo, sobre todo si se trata del centro de la tecnología y la modernidad por excelencia. En fin, la pesada bandeja se desglosa en tallarines con salsa de tomates y una muy bien preparada carne mechada. Al lado, novedosa ensalada de lechuga y choclo (incluye su coronta). Al lado, crema de pollo. Al frente, manzana, pera o plátano sin pelar por supuesto. Lo mejor, bebidas gaseosas a elección. Precio:$ 1.500. Advertencias: ojalá poseer buen equilibrio. Cualquier paso en falso y la bandeja transforma todo en un desastre.
Universidad de Playa Ancha: La mítica Upla y su casino más o menos recién estrenado tiene una vista privilegiada hacia el mar, casi un cinco estrellas de los menús universitarios. Todo en vasija de porcelana blanca y cubiertos de metal. De entrada, empanada frita, grande y suficiente queso. De fondo, charquicán de verduras y carne al jugo. Postre: leche asada con caramelo, más pan y nuevamente el jugo de sobre que le quita prestancia al conjunto. El pan, los cubiertos y los aliños sellados para cada uno de los alumnos por normas de higiene. Precio: $ 1.600. Advertencias: aunque se trata del mejor de todos, se recomienda paciencia en las filas del mesón. La Upla es la universidad de la zona que mayor número de almuerzos gratuitos entrega diariamente.
Una vez concluido el paro de estudiantes y en vista y consideración que una forma de
protesta es la huelga de hambre, esta semana decidí someterme a mi propia protesta
alimenticia. Es decir, nutrirme solamente de los almuerzos que ofrecen las
universidades de la Quinta Región. Este menú que puede ser comprado por todos los
alumnos que lo requieran, como también por cualquier mortal como yo, es el mismo que
comparten los que gozan del beneficio de beca alimenticia.
De menor a mayor calidad, este es el ranking:
4.- Pontificia Universidad Católica de Valparaíso: Fuimos hasta el Casino de
Estudiantes del Edificio Gimpert. De entrada una desabrida sopa de pollo, luego frío
tazón de arroz acompañando unas delgadísimas escalopas apanadas. Finalmente una
manzana verde o jalea. Todo presentado en raciones tipo barbie. De las cuatro
universidades es la única que entrega harto pan (2 porciones) y vasitos de jugo sin
restricciones (esos de polvo y con harto colorante). Precio: $1350. Advertencias:
Obligatorio reservar $500 para un completo pasada la mediahora, aunque aseguran que en
la Facultad de Ingeniería, en avenida Brasil, mejora notablemente el rancho.
3.- Universidad de Valparaíso: Como se trata de la Facultad de Medicina, ubicada en
calle Hontaneda, aquí suponemos que nos encontraremos con una dieta balanceada: de
entrada, vegetales cocidos acompañados de medio huevito duro a la peruana. De fondo,
cazuela de vacuno con pequeña ración de plateada, más papita, zapallo y seis
centímetros de choclo. Otra vez jugo y pan. Lo más desabrido al final, fruta o postres
de leche con escasa consistencia. Precio. $ 1.300. Advertencias: Guardar $ 500 para un
café y una negrita para recobrar calor. Uno se siente realmente en un congelador.
Universidad Santa María: Es extraño sentir que uno llega a una suerte de fortaleza y
encontrarse que en los casinos se escucha como resuenan las bandejas de metal.
Demasiado “demodé”, pienso yo, sobre todo si se trata del centro de la tecnología y la
modernidad por excelencia. En fin, la pesada bandeja se desglosa en tallarines con
salsa de tomates y una muy bien preparada carne mechada. Al lado, novedosa ensalada de
lechuga y choclo (incluye su coronta). Al lado, crema de pollo. Al frente, manzana,
pera o plátano sin pelar por supuesto. Lo mejor, bebidas gaseosas a elección. Precio:
$ 1.500. Advertencias: ojalá poseer buen equilibrio. Cualquier paso en falso y la
bandeja transforma todo en un desastre.
Universidad de Playa Ancha: La mítica Upla y su casino más o menos recién estrenado
tiene una vista privilegiada hacia el mar, casi un cinco estrellas de los menús
universitarios. Todo en vasija de porcelana blanca y cubiertos de metal. De entrada,
empanada frita,. grande y suficiente queso. De fondo, charquicán de verduras y carne
al jugo. Postre: leche asada con caramelo, más pan y nuevamente el jugo de sobre que
le quita prestancia al conjunto. El pan, los cubiertos y los aliños sellados para cada
uno de los alumnos por normas de higiene. Precio: $ 1.600. Advertencias: aunque se
trata del mejor de todos, se recomienda paciencia en las filas del mesón. La Upla es
la universidad de la zona que mayor número de almuerzos gratuitos entrega diariamente.
Seguramente cuando duermen, muy profundamente después de una noche de ron, vino tinto y más ron cola- sueñan con ser Madonna, Gwen Stephany o Kyllie Minogue. Pero después, cuando despiertan, no se acuerdan de eso y dicen con infinita alegría que tuvieron una pesadilla de latigazos y fustas con Marylin Manson.
Así son las guatónicas, una raza muy presente en estos días y cuyo nombre deriva de la siguiente fórmula: guatona + gótica = guatónica. Son fáciles de reconocer. Además de su indumentaria absolutamente negra y make up dramático, demuestran una postura maldita de convencer a los demás que siempre están en el lugar inadecuado. Se sienten ricas. Se juran irresistibles.
Para pocos hombres llegan a ser mujeres sensuales. No es que provoquen miedo. Simplemente no son del tipo de chicas que se destaquen por su feminidad ni por su bien sentido del buen gusto.
Odian los colores puros y creen que la máxima manifestación de un sexy look son unas transparencias al borde del cuello a modo de broderie, unas medias caladas de bataclana francesa de la belle èpoque y un tono de cabello que va entre el negro azabache, el desmechado fucsia o el anaranjado-cobrizo. Algunas inclusive usan una suerte de ataúd a modo de cartera.
Se emocionan con la sola idea de que alguna vez sus uñas –casi siempre pintadas de negro- se conviertan en pezuñas. Y si tuvieran la oportunidad de cambiarse el nombre, no lo pensarían dos veces: Morgana, Blanca, Georgiana, Ginebra o Valkiria, serían buenas alternativas.
En Santiago pululan por la Blondie, la Fábrica y, a veces, cuando están sin su cuervo amado, acompañan a sus amigas lesbianas a lugares como la discotheque Femme. En Valparaíso, son habituales en el Pagano, en el Máscara, el Cherry y las más aguerridas no se pierden un martes o miércoles en “La Facu”, al lado de Cines Hoyts, mientras juegan una ficha de flypper.
No son de corta edad, pero tampoco pasan los 33 años. Generalmente son estudiantes de carreras que no les gustan: diseño, arte, teatro, idiomas o pedagogías. Dicen que estudian eso porque no se les ocurrió otra cosa, mientras ordenan su falda negra con encajes rosadito y broderie en la blusa. Aunque parezca curioso, no gastan mucho en ropa: son reinas de la transformación de los vestidos, blusas y abrigos de la abuela, van regularmente a los saldos de ropa usada y a la feria de cachureos de la Avenida Argentina. Además, saben que las prendas negras las hace lucir siempre vigentes sin el mínimo esfuerzo. Por el contrario gastan más plata en comer.
No son de restaurantes y su glamour callejero se acaba a la hora de los pataches. Adictas a los tallarines con salsa, a los completos de carro y a las promociones de pizza con shop, saben que pueden esconder la mitad del volumen corpóreo debajo de sus ropajes oscuros. Paradojalmente, cuando hablan entre ellas, cuentan que acaban de cenar “sushi”.
No aman a Satán, pero mueren con que algún día las traten de brujas y las manden a la hoguera. Sufren cuando uno les dice que son sencillas y más comunes de lo que ellas creen y, después, cuando escuchan cosas que las ridiculizan, como esta columna, cambian de un momento a otro y les dicen a sus amigos gay, generalmente musculocas (fórmula: musculosa + loca = musculoca) que a partir de ahora escucharán música ambient y que serán más sónicas, es decir, de guatónicas a guasónicas.
Debo admitir que la mayoría de las veces que asisto a un bar lo hago con el ánimo de pasarlo lo mejor posible, aunque haya tenido el día más negro de mi vida. No soy de los que se instalan en una barra para “agarrarse” la cabeza a dos manos, pidiendo a gritos un poco de comprensión y que mira al barman –o bartender, como se estila ahora- para que me proporcione algún consejo que permita suavizar la noche de mis desgracias. ¡No!, No soy de esos. Pienso que esa escena está más cerca de lo que yo definiría como la peor manera de ilustrar -ya sea en televisión o en cine-, que los hombres también pueden sufrir como magdalenas abandonadas. Para eso prefiero desahogarme en casa, frente a la pantalla de mi laptop, bebiendo una a una las gotas de mi angustiosa soledad hasta que el sol nuevamente aparezca y la fría ducha matinal me quite de encima todas las asperezas del corazón.
Creo, sin embargo, que la labor de un barman, aquel sujeto adiestrado en el arte de los buenos cocktailes, de las medidas exactas y que siempre luce armado con la rapidez de una pantera, es el mejor aliado que uno puede llegar a necesitar cuando más de alguien quiere entregarse a una gran noche. Entonces, teniendo en cuenta que este personaje es fundamental no sólo para mí, sino para muchos, decidimos que esta columna semanal estaría dedicada al IV Concurso de Coctelería que organizó Mitjans en el Hotel Gala. El evento, que se desarrolló hace algunos días, tuvo casi cuarenta participante de diferentes restaurantes, bares y pub de la zona.
Hubo tres premios: primer, segundo y tercer lugar. Los dos primeros representarán a la Quinta Región en el certamen que organiza Mitjans en Santiago y que reúne a los ganadores de cada región a comienzos de primavera.
El tercer lugar lo obtuvo Ashley Nordenflycht, del Hotel San Martín, con su trago titulado “After Evenning”, una preparación de amaretto y crema. Su segunda propuesta, “Frozen Stawberry Ruhm”, utilizaba frutillas frescas, leche condensada y ron dorado. El segundo lugar fue para Ernesto Opazo, del Café Florida, quien además de ganarse cien mil pesos, representará a la zona con su “Flor de Otoño”, una preparación de Gin, triple sec y jugo de piña. Además de su trago “Alemania 2006”, que utilizaba Cacao, crema de coco y whisky.
El primer lugar, en tanto, fue para el barman del Barlovento de Viña del Mar: Leonardo Zavala, quien además de los 200 mil pesos de premio y muchos aplausos, deleitó al jurado con su “Mojito revive”, con ron blanco, menta fresca, coca cola, limón de pica y suficiente bebida energética; en definitiva, un top que de inmediato entusiasmó a todos. Su segunda propuesta fue su “limón martín”, una discreta fusión de licor de whisky y ron limón.
Zavala, de 28 años y con cinco años de experiencia en el Barlovento de Viña, estudió en la Flyer Bartender School. “Me gusta este trabajo. Me encanta que la gente se ponga contenta con lo que hago, además uno siempre está conociendo a mucha gente”, me dijo antes de despedirse. “Perfecto”, pensé. Después de todo, qué desagradable para un bartender escuchar las lágrimas que él, entre cocteleras y hielos, sólo pretende aplacar de una vez.
De Copas
Seis panoramas para un delirante fin del mundo
Seguramente las víctimas del tsumami del Indigo, pensaron que en ese instante se terminaba este planeta para toda la humanidad. Lo mismo sintieron aquellos romanos de hace varios siglos que retuvieron como una última imagen a su adorado Vesubio en llamas. Así las cosas, concluimos por lógica que el mundo todos los días se acaba un poco, ya sea con la fulminante perdida de su ser querido, o bien ante la derrota del desamor, o simplemente a través de la copa derramada por casualidad sobre la alfombra.
Pero supongamos que de verdad se acabe el mundo... Totalmente.
Una vez leí un mail con un chiste al respecto y que aludía a los posibles títulos de diarios y revistas ante magno y desconcertante evento. Según recuerdo, LUN pondría: “Sotella perdona al Chino antes que se acabe el mundo”. Cosmopolitan, por su parte, colocaba la sentencial frase: “10 secretos para verte linda en el último día”. El Mercurio, en tanto, “Confirmado: Planeta Tierra deja de existir mañana ”. Y Dato Aviso: “Remato todo, por fin del mundo”. Cosas, en cambio, trataría de ir a la fuente misma: “El mundo habla en exclusiva: ´la humanidad me ha sido infiel”.
Es por eso que, sin ánimo de supersticiones, a continuación una pequeña agenda de datos por si se acaba el mundo y que Invite titularía más o menos así: “Seis panoramas para un final irresistible”. Estos son:
1.- COMER: Si se trata de quedarnos con nada más que un sabor en la boca, qué mejor que algo que sea absolutamente fusión. Es decir, que mezcle lo agridulce con la “saliácido”. Conclusión: comida hindú o tailandesa. Ofertas: el nuevo restaurante Samsara, cien por ciento tailandés, en el cerro Alegre. O bien, el delicioso Salam Bombay, de comida hindú, en la esquina Rancagua y Condell, en Santiago
2.- BEBER: Algo fuerte y poderoso de una sola vez: Mezcal. Sólo golpeaditos con limón de pica y sal, directo “a la vena”, como diría mi amigo Pancho. Y para no perderse ningún minuto estelar, unas bebidas energéticas bien frías, ojalá las nuevas Red Bull o XYC light, después de todo, hay que conservar la línea y la admitir la vanidad hasta el final.
3.- ESCUCHAR: Para los más samaritanos, sólo Gospel. Es entretenido y une a mucha gente en torno a un solo ritmo y a una gran fe.. Para el resto, industrial duro y frenético. Por supuesto, no permitir acordes góticos. ¿Para qué hacer más dramática la situación?
4.- BAILAR: Difícil decisión: es sólo cuestión de gustos. Yo me iría a La Salita, cerca del parque Forestal. Y en la Quinta Región, organizaría una “fiestaza” en La Ballenera de Quintay. De Dj. pondría a Adolfo, el del Pagano.
5.- FUMAR: Aparte de eso, unos “café créme” de tabaco rubio. Son ricos al paladar y agradables para quienes detestan el humo del cigarrillo: creerán que es incienso.
6.- CONVERSAR: De lo que uno quiera en los after hours de Dominica en Santiago, o los clandestinos de Valparaíso. (Descubrí uno muy simpático en Prat). Obviamente, un after hour no puede faltar en estos panoramas, ¿quién sabe si el fin del mundo llega más tarde de lo que uno cree?.